En pleno auge de las criptomonedas en 2021, el empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego intentó realizar una jugada financiera audaz: invertir 400 millones de dólares en Bitcoin sin desprenderse de sus acciones de Grupo Elektra. Lo que parecía una estrategia sofisticada terminó convertido en una batalla legal internacional que él mismo calificó como “el fraude perfecto”.
La apuesta: invertir en Bitcoin sin vender acciones
Durante la primavera de 2021, cuando Bitcoin alcanzaba máximos históricos, Salinas decidió aumentar su exposición a la criptomoneda. Pero en lugar de vender acciones de Elektra, optó por un préstamo Lombard: un mecanismo que permite obtener liquidez usando acciones como garantía.
A través de intermediarios, fue presentado a Astor Capital Fund, supuestamente vinculado a la histórica familia Astor. La operación contemplaba un préstamo de hasta 150 millones de dólares en efectivo, respaldado por aproximadamente 416 millones de acciones de Elektra. El resto del financiamiento se completaría con banca internacional.
El contrato se firmó en julio de 2021 mediante una entidad registrada en Canadá, con un documento de más de 30 páginas. Sin embargo, lo que debía ser una garantía temporal terminó en la venta no autorizada de las acciones.
La venta inesperada y los 104 millones
Según reveló el diario británico Financial Times, las acciones entregadas como colateral fueron vendidas sin autorización directa del empresario. Salinas recibió únicamente 104 millones de dólares, mientras que el resto del dinero —según su versión— fue distribuido entre cuentas vinculadas a los prestamistas.
“Fue el fraude perfecto. El tipo cogió mis acciones, las vendió y me dio el dinero como préstamo”, declaró el magnate.
El punto central del conflicto gira en torno a cláusulas contractuales que permitían la rehipotecación del colateral, es decir, la posibilidad de que el prestamista reutilizara las acciones como activo propio. Una práctica común en ciertas estructuras financieras privadas, pero que puede resultar riesgosa si no se comprenden todos los términos.
Identidades falsas y acusaciones cruzadas
Las investigaciones del equipo de Salinas señalaron que quienes se presentaron como ejecutivos de Astor no eran quienes decían ser. El supuesto “Thomas Astor-Mellon” habría sido en realidad Alexei Skachkov, mientras que otro negociador operaba con múltiples alias.
Los señalados niegan cualquier fraude y sostienen que la operación se realizó conforme a lo estipulado en el contrato, argumentando que las cláusulas eran claras y que la responsabilidad recaía en el prestatario.
El litigio en Londres y el golpe a Elektra
El caso escaló hasta la High Court de Londres, donde Salinas busca frenar la venta de sus acciones y recuperar el valor perdido. Cuando la historia salió a la luz, las acciones de Elektra se desplomaron e incluso fueron suspendidas temporalmente, afectando uno de los pilares de su imperio empresarial.
El empresario ha reconocido públicamente que la debida diligencia pudo no haber sido suficiente. “Soy un idiota (…) fuimos descuidados y ahora estamos pagando el precio”, admitió.
Una lección millonaria
Más allá del desenlace judicial, el caso expone los riesgos de los préstamos colateralizados en entornos privados y offshore, especialmente cuando se combinan con inversiones volátiles como Bitcoin.
Lo que comenzó como una sofisticada estrategia para multiplicar su fortuna terminó convertido en una advertencia global sobre contratos complejos, jurisdicciones extranjeras y cláusulas que pueden cambiarlo todo.
Y en el mundo de las grandes fortunas, 400 millones de dólares pueden desaparecer más rápido de lo que sube una criptomoneda.
